http://www.youtube.com/watch?v=MO7bUhJlAek
Nací en un rincón sin tiempo, entre luces y sombras, tierra bella dulce y encantada. Cubierta de senderos eternos y recodos de memorias olvidadas, removiendo las delicias del saber de los ancestros. Impregnada de aromas tentadores que sobre el aire cabalgan entre ancianos castaños. Perfume rezumante de vida y sosiego, regada por el olor a labradíos, leña ardiendo y añejo vino tostado. Y su imagen, a mis ojos, es de risueña saudade, tierno sentimiento punzante, que revive corazones y apacigua el espíritu alterado. Calmados montes, suaves, de aterciopelados y verdes pardos, salpicados por gotas de oro que resplandecen entre los guiños del sol. Luz mecida por las copas de majestuosos árboles, guardianes de viejos secretos que se murmuran en los bosques sagrados. Su voz es el de las cantarinas fuentes y pausados ríos, el azote del viento que trae las desencarnadas voces de los antepasados. Repiqueante lluvia, que juguetona, bendice cada rincón, con dulces besos acompasados. Su sabor es como aguardiente de miel, vigoroso y grácil, como castañas cocidas en exquisita leche fresca, que sobre la lumbre borbotea con parsimonia. Tempranas moras, teñidas de azabache por gracia de las saltarinas sílfides, que en la boca se deshacen invadiendo el paladar de gustosas armonías. Tras mi ventana contemplo que es tiempo de invernía, época de noches donde el fuego del hogar, canta, tejiendo historias de Santa Compaña, brujas santiguadoras, y valerosos héroes celtas. A esta bendita tierra pertenezco, más allá de vida o muerte, mi alma esta anclada a ella. ¿Quién se resistiría a amarla? …
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